martes, 1 de septiembre de 2009

Problemas sociales

Por suerte o esfuerzo terminé en una ciudadela cerrada. Es agradable hasta cierto punto, es soportable si hay que decirlo así, pero eso ya es culpa mía y de mis problemas sociales, lo admito. Digamos que hay una fiesta cerca, eso me molesta, digamos que dura hasta las 3am eso me molesta mucho. Resulta que con la cercanía que tienen las casas de urbanización no tienes la privacidad que deseas. Las fiestas de tu vecino hasta las 3am por ejemplo, te molestan. El ruido inaguantable, el bajo retumbando afectándome de más sin razón aparente, ¿será una enfermedad conocida? Que el retumbar del bajo te descomponga, te haga sentir como un desmayo del alma, que las rodillas se te queden sin aire, si eso puede tener algo de sentido. Supongo que eso de las rodillas es una de esas cosas que entiendes o no porque lo has sentido pero no sabes cómo se llama hasta que alguien lo describe y te dices a ti mismo “si, algo así es lo que siento”. Puede que esta sensación se dé en una situación completamente distinta, como por ejemplo, al pasar un bus especialmente ruidoso y coincidencialmente, retumbante.

Pero muy lejos de los buses esta la urbanización de las casas pegadas, aquella donde no puedes descansar en el patio trasero porque las tres casas contiguas pueden observarte con total descaro pero escondidos entre las persianas, es lo que haría yo al menos, es más, lo estoy haciendo en este momento mientras escribo, lo que demuestra que puedo escribir sin mirar al teclado. Espero que la profesora de mecanografía esté contenta ahora.

Obtuve mi casa con mucho esfuerzo, no necesariamente el mío. Tal vez un 5% o 10% de mi esfuerzo pero no más que eso. Estoy pagando mi casa con agradecimiento en cuotas mensuales, me salió barata. No hay como quejarse mucho tampoco, en especial de la cercanía, ya que a cambio hay seguridad y eso es invaluable a menos que cuentes el pago de la alícuota mensual como un valor, entonces si es valuable.

Cuando recién llegué al barrio empecé a trotar a las 7am, órdenes del doctor que me recetaba medicina anti sedentarismo. Mp3s en el bolsillo y la caminata era lo mejor del día, relajante, placentera, solitaria, con la motivación del aire fresco y el espectáculo de las flores de jardín de urbanización. Fui el primero, eso lo sé, y otros miraban escondidos entre las persianas, con la semilla plantada. “Tal vez yo pueda ser así de saludable, así de disciplinado, levantarme todos los días y salir a trotar y perder esta panza que me estorba” eso pensaban, lo vi en sus ojos entre persianas, y pronto lo hicieron. Primero fue uno, que se cruzaba conmigo y destruía mi pequeño momento, mi paraíso/actividad y no es tanto culpa de él sino culpa mía y de mis problemas sociales. Digamos que se cruza un vecino conmigo en el parque, eso me molesta, digamos que me saluda, eso me molesta más.

Pronto la actividad estaba arruinada. Señoras y sus amigas, caballeros con esperanza de un futuro en forma, todos en mallas raras, calentadores mal combinados, audífonos gigantes y lento y desentonado caminar, se cruzaban y saludaban y miraban mis flores y respiraban mi aire.
Ahora me levanto y los miro por las persianas, la comunidad deportiva de mi barrio, que por alguna razón sigue de gran tamaño y pesado caminar. Los puedes ver desde las 6:30 hasta las 8:00 con una disciplina que me pertenece. Por mi parte recurrí a un cyborg como entrenador personal o al menos así imagino al orbitrek cuando lo uso, un cyborg es más agradable que una simple máquina de ejercicios, de eso no hay duda.

Orbitrek, chica no incluida

Los vecinos copian todo lo que hago, se suben al carro de la misma forma que yo, por la puerta del conductor. Es inquietante. Es por la falta de privacidad, si tuviera mi propia urbanización no pasarían estas cosas, pero lo sé, es mi culpa, son solo mis problemas sociales y mis persianas, que están dañadas y no me dejan ocultar.

3 comentarios:

Claudia dijo...

jajaja! muy bacan tu relato!!

|_Bonny_| dijo...

Te comprendo, yo también viví por casi un año en una ciudadela burbujita, ser una antisocial en un lugar así no pega realmente mucho. Pienso que deberías ignorarlos, como yo lo hice, si quieren subirse al carro como lo haces tú, sonríeles hipocritamente y lanzales una buena "maldición del payaso"... al menos te divertirás pasando por sus casas y verlos con sus ojitos chiquitos por las persianas.

(Por cierto, las últimas dos líneas, me gustaron!)

Daniela dijo...

Ja ja eres mi cavernícola personal, la verdad es que el orbitrek es bacan y si pones algo interesante en el dvd o el wii puedes ejercitarte suficiente, las cmainatas en el barrio para mi empezaron a ser terribles cuando en cada cuadra habian albañiles mirandome...