miércoles, 19 de agosto de 2009

La extraña mancha roja y su aun más extraña procedencia

Eran casi las 2 de la mañana y yo irresponsablemente seguía en la PC, atrapado en la terrible droga que puede ser la combinación de stumbleupon y youtube, que logran llevarme de un video interesante a otro con solo aplastar un botón. No sé cuántos de ustedes sean de aquellos que se quedan hasta tarde en la PC, pero sospecho que son suficientes como para saber lo que se siente el tener sueño pero negarse a ir a dormir. Tus pesados párpados se caen y por momentos apoyas la cabeza en la mano que no tiene el mouse, te quedas con los ojos cerrados hasta que la necedad te da energía y sigues viendo el video de la marmota dramática o leyendo aquel post tan importante acerca de cómo los zombies destruirían la raza humana si llegaran a existir.

Me rendí y me levanté somnoliento hacia el baño para la respectiva lavada de dientes. Con desgano le puse pasta al cepillo y cuando lo acerqué a mi boca para el repetitivo y tedioso movimiento intrabucal, lo vi, frente a mí, justo frente a mí y en mi frente.

Puedes ver la tristeza de mil años en mis ojos. Ok, tal vez de menos años pero igual es tristeza.

Me despierto completamente, me acerco, analizo, toco y retoco y no entiendo. Tengo una gran mancha roja en la frente, una mancha perfectamente redonda, que no duele y no es pintura y que no estaba ahí a las 10 de la noche, última vez que me vi en un espejo. Daniela está dormida y es imposible que ella sea responsable, pero la curiosidad y la falta de consideración van de la mano por lo que la despierto y le digo “mira” mientras se levanta asustada buscando con sus ojos algo más importante que lo que yo señalaba.


No se dibujar flechas, curioso darme cuenta justo ahora.

“¿Qué? no veo nada” Tonto de mi parte esperar que veo algo en tremenda oscuridad, no quise ser maleducado y prender la luz así que la saqué de la cama hasta el baño, donde hay mejor luz. Señalé en silencio y dije todo con mi cara de sorpresa. “ah, sí, tienes un mancha” No me dijo nada nuevo pero sé que al menos no es mi imaginación. Empecé a dejar en claro mis dudas, ¿de dónde salió? ¿Por qué sucedió? ¿Qué significa para mi salud? Y era claro que ella no tenía las respuestas pero conociéndome sabía el proceso que sucedía en ese momento en mi cabeza, aquella aflicción que me aqueja que puede ser peor que cualquier otra enfermedad porque es como tenerlas todas a la vez, la hipocondría.

“De seguro son vasos sanguíneos rotos porque se me subió la presión, ¡es como un pre-infarto Daniela!” atrapado ya en mi mente imaginaba los exámenes, el sufrimiento del largo y tortuoso camino hasta la muerte sin contar con la dieta estricta y los salvajes ejercicios que al final serían inútiles porque todo acabaría en la más dolorosa y dramática muerte que mi imaginación pueda crear.

Ella me ayudó a calmarme y me mandó a dormir. Intranquilo, demoré en conciliar el sueño, buscando otra explicación para el fenómeno rojizo que descansaba en mi frente. Tenía la esperanza que para la mañana siguiente ya no existiera más.

Pero no.

Las primeras fotos que mostré son de la mañana siguiente, cuando la mancha había reducido un poco su coloración, pero aún estaba ahí, sin dolor al tacto y sin pista alguna de su procedencia. Ya fuera de mis procesos mentales dañinos (gracias a google y su incapacidad de mostrarme evidencia que relacione infartos con manchas rojas), me puse en modo investigativo y empecé a sacar conclusiones. La mancha tenía todas las características de un chupete excepto la locación, ¿tal vez Daniela en un ataque de pasión atacó mi frente con sus labios? Nah, creo que lo recordaría. De pronto recordé haber estado jugando, horas antes del incidente, con un envase pequeño de plástico, al cual le absorbía con mi boca todo el aire que contenía y luego lo soltaba y este, al tratar de llenarse de aire nuevamente, succionaba todo a su paso que en ese caso eran mi labios. El frasco permanecía agarrado de mis labios, sostenido por la fuerza de su propia succión y yo lo soltaba esperando a que caiga solo, un juego que seguro todos hemos hecho alguna vez con un vaso u otro recipiente. Pero no, nunca lo puse en mi frente, aunque de pronto no lo recuerdo y si lo hice. Fui a buscar el envase e hice la prueba pero en otra parte de mi frente y aunque logré que el envase se agarrara, la fuerza que ejercía era tan débil que no duraba más de 3 segundos agarrado y no dejaba ni sombra de su presencia sobre mi piel. Descartado.

Ya sin esperanza me senté en el escritorio y mirando el monitor me frustré por no dar con la respuesta. La frustración me llevó a quejarme del primer problema que tuviera al frente, en este caso el desorden en el escritorio. Una foto ilustrativa:

Todos contribuimos a este desorden, es como nuestro hijo. Un hijo al que odiamos.

Tal como estaba la noche anterior, el desorden inaguantable que apenas daba espacio para un vaso de agua contenía todo lo necesario para resolver el misterio, solo hacía falta mi interacción automática, mi movimiento involuntario, mi memoria corporal o no sé como más llamarle, pero es eso que uno hace automáticamente, sin darse cuenta de que lo hace, porque lo hace tantas veces que la mente se lo aprende y no necesita consultarle a uno si lo hace o no. Y esa es la clave del misterio, que yo anoche hice algo automático y por eso no lo recordaba, además de que el sueño no ayuda. Pero esto es una hipótesis y tenía que comprobarlo.

Tomé el objeto que despertó mis sospechas y lo puse frente a mí. Después de ponerla al día respecto a mi teoría, Daniela sería la testigo y ella comprobaría si estaba en lo cierto. Tomé dicho objeto, apoyé mi frente sobre él, como lo haría cuando son las 2 de la mañana y estoy con sueño pero forzándome a permanecer despierto. No separé mi cabeza del objeto, la levanté mientras lo sostenía contra mi frente y miré a Daniela. “¿Y bien?”

“Si, encaja perfectamente”

Mientras la tomaba pensé "No es la foto más ridícula que te has tomado" y es cierto.

Genial, al final todo había sido una estupidez de mi parte. No recuerdo en ningún momento haberme apoyado sobre dicho objeto, pero tengo historia de quedarme dormido sobre objetos poco aptos para el sueño. Tenía sentido porque sin poder ver mi frente, me apoyé justamente en el lugar exacto de la mancha y esta era del mismo tamaño que aquel objeto verde que por cierto no es más que una de varias partes de un viejo colgador de cuna, de esos que dan vueltas y que mi hijo dejó de necesitar hace más de dos años ¿qué hace en mi escritorio? Eso es otro misterio. Del primer misterio pues, solucionado, felicidades, otra entrada más para “Misterios idiotas del siglo XXI”.

4 comentarios:

Conciencia dijo...

Juas, lo mismo me ha pasado con pecas o líneas de expresión que de un día para el otro estan ahi y punto =(
Que risa lo de la contribución al desorden.

Ataraxia dijo...

Hola

yo lo primero que hubiera pensado es que me habia picado algun animal o que algo me estaba produciendo una alergia. nunca se me ocurriria que fuera algo interno, ni de mi mente o corazon, ni por aca...
En cuanto a tu escritorio, seria buena idea que hagas una venta de garage jaja, o pon de todo en mercadolibre...
si, tus ojos reflejan tristeza, que pena, cuando te conoci, siempre tenian era curiosidad, y a lo mucho ingenuidad, pero no tristeza.
ya en la ultima foto refleja perfectamente tu autoconfirmacion de estulticia, ya cualquiera tiene un momento que ve con un solo ojo.
apuntame para una copia de "misterios idiotas....
tu esposa se merece una medalla, o por lo menos una hamburguesa doble con queso, por aguantar tus ..mmm... episodios.
el jueguito de la succion con las botellas es un clasico

bueno, ponte pilas para el sabado, a ver si bicicleteamos

Andrés dijo...

Hecho, me apunto a las bicicletas.

Lo de la tristeza es puro drama y los episodios no son tan seguidos como para un hamburguesa doble, una simple tal vez.

Jonathan Coronado dijo...

Gracias a tu publicación , supe al fin lo que tenía, tambien tengo la misma mancha en la frente, no sabía como sucedió , al fin recordé que fué por un vaso de succión , por travieso . je.