jueves, 7 de mayo de 2009

La rendición

Miércoles 29 de marzo

Otro día más y los problemas no han terminado. Voy muy temprano al trabajo dispuesto a lidiar con lo que se venga y una vez más el escuadrón rebelde me esperaba, esta vez con uno de los accionistas de la empresa. Aparentemente estaban tratando de amedrentarme con la presencia de dicho accionista pero ellos ya habían sido informados previamente del problema y respaldaban la decisión de nosotros los administradores. Resumiré aquello que se discutió en un par de horas, se revivió los eventos del domingo, lunes y martes con detalles extra como lectura de mensajes de texto y otras cosas. Ellos estaban claramente más calmados y yo, que siempre he sido conciliador, aproveché para dejarles en claro que no podía ceder en mi decisión pero que aquella no era una trampa para que ellos escojan la renuncia y que yo deseaba más que nunca que se reintegren y comprendan su error. Con algo de miel todo pasa y ellos finalmente aceptaron su culpa y firmaron el documento que lo certificaba. La reunión se volvió algo emotiva y casi me abrazan pero logré esquivarme. En retrospectiva todo salió muy bien porque a partir de ese momento, demostré liderazgo y ellos a su vez parecen confiar más en las decisiones que tomo y me respaldan mucho más que antes, ya no hay dudas ni consejos o comentarios y peor aun desobediencias además de que la gente trabaja mucho más organizada ahora y finalmente se están respetando las reuniones de los lunes en la mañana.

Pero esa mañana no había empezado así, primero tuve que levantarme tempranito lo cual no me cayó perfecto por la acostada tarde de la noche anterior. También dejé a Daniel en el maternal y aunque estaba algo asustado por quedarse, tampoco hizo escándalo ni nada por el estilo. “Yo no lloro” decía, orgulloso de no hacerlo. En el trabajo el sueño me tenía zombie y con la gente reintegrada a sus puesto pude al fin relajarme lo cual solo causó aun más sueño. Recosté mi cabeza sobre el teclado por lo que estoy seguro fueron unos pocos minutos pero fue suficiente para quedarme dormido y despertarme asustado y con un extraño dolor de cabeza. También había congestión nasal y pronto escuche a lo lejos el noticiero hablando de gripe porcina y en seguida me puse paranoico. Me sentía mal, ya segurísimo de estar infectado con la gripe a la que, como dato curioso les cuento que en Israel le cambiaron el nombre de porcina a mexicana para no ofender a los cerdos. Mis síntomas aumentaban y mi memoria disminuía ya que en estos momentos siempre olvido que además de hipocondriaco soy psicosomático. Compré alcohol y empecé a desinfectar todo a la vista en mi oficina empezando por mis manos. Recargué mi spray de manos con alcohol y armado me fui a casa, sintiéndome mejor en el camino y recuperando la cordura.

Era día de cine y esta vez la planificadora de películas, Daniela, había escogido para nosotros la película Mall Cop. Disfruté la película increíblemente aunque esta es muy mala. Es mala porque tiene errores en el guión, suceden cosas totalmente ridículas, como que toda la policía y el swat no pueden entrar al edificio secuestrado pero una niña, casi de accidente y por la puerta de atrás, lo hace sin problemas. Lo disfrutable son las acrobacias de Kevin James, un conocido gordito de la televisión pero que impresiona con sus movimientos que para mi, con muchas menos libras que él, me resultan imposibles. Subir a ductos de ventilación, trepar muros y para mi el mejor de todos, escalar una reja de 2 metros y un poco de un solo salto y con poco impulso. Sorprendente. Lo otro disfrutable es que es de esas películas donde quieres que el bueno gane, aunque sea en un universo estúpido donde la lógica no parece existir.

Debo recalcar que comimos de más ese día en el cine y decidimos no volver a realizar compras excesivas en el bar además de por salud, por economía. Habíamos abandonado a Daniel esa tarde para ver la peli por lo que decidimos recompensarle con un muñeco que nos viene pidiendo desde hace tiempo, el Dr. Octopus. Pasamos por la juguetería y por suerte encontramos el muñeco perfecto y a un precio accesible. Daniel estaría feliz.

Cuando salimos del centro comercial nos esperaba una lluvia salvaje e inesperada, tan inesperada que llevaba mis zapatos anti-agua puestos y cuando digo anti-agua no quiero decir que resistan el agua, todo lo contrario la odian y les hace mucho daño. El agua se filtra con facilidad y se mojan mis medias, por eso pertenecen al grupo anti-agua.

Salí corriendo a buscar el carro y llegué con los pies empapados. Por suerte ya íbamos directo a casa. Daniel nos esperaba asustado por los truenos así que el regalo cayó perfecto como elemento de distracción. De todas formas exigía que retiremos a los truenos “que se vayan” nos decía con autoridad.

Ya más tarde, cuando Daniel se durmió, tuvimos que salir a eso de las 10:00 pm a recoger unos papeles urgentes que debían ser llevados a otro lugar mañana en la mañana y la persona que me los daba no podía dármelos en otro momento más que ahora. Convencí a Daniela que me acompañe y aunque ambos teníamos sueño hicimos el esfuerzo y luego de poner el sountrack de That Thing You Do en la radio para despertarnos, salimos en la lluvia a un largo viaje. Nada excepcional sucedió y estuvimos de vuelta a las 10:40 pm aproximadamente. Con todo el cansancio encima nos acostamos a dormir.

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