lunes, 4 de mayo de 2009

Interruptus

Viernes 24 de abril

Una mañana especial ya que fue mi deber quedarme con Daniel hasta casi las 10 am por una emergencia que tuvo Daniela, tuve que llamar a avisar que llegaría tarde al trabajo. Aparte de eso no es un problema quedarme con él, aprovechamos para jugar un poco y divertirnos aunque el andaba medio congestionado por lo que sospechábamos un resfrío o tal vez gripe. Cuando ya pude ir a la oficina me esperaba muchísimo que hacer, aunque de todo lo más importante eran 5 comerciales que debían estar listos para ese día. Cualquiera al escuchar esto se imaginaría que soy un completo irresponsable por dejar las cosas para último momento pero muchas veces estos problemas se dan por irresponsabilidades de los clientes que al desconocer el tiempo que lleva una edición de video y las complicaciones que esto representa, dejan las cosas para última hora y otro es el que tiene que pagar los platos rotos. No había como reclamar y solo pude sonreír falsamente mientras me organizaba mentalmente para tremenda tarea.

Como es de imaginar gran parte del día se fue en la edición de estos comerciales. Ninguno quedó excepcional pero todos quedaron completos, tal como se habían pedido. Inclusive me sobró tiempo en el día, en parte gracias a que me asusté a mi mismo para trabajar extra rápido, convencido de que el tiempo no me alcanzaría y estaría trabajando hasta las 10:00 pm. Mi auto-trampa funcionó y a las 4:00 pm ya estaba avanzando con otros proyectos.

Al volver a casa me encontré con Daniel paseando por la vereda y al verme llegar decidió correr y seguirme, cuando abrí la puerta se subió a "manejar" conmigo y jugamos un poco hasta que entramos a casa. Un recibimiento muy agradable, en compensación dediqué aquel tiempo de la tarde/noche a jugar con él lo que por lo general implica correr de aquí para allá y recibir golpes medianamente fuertes.

Más tarde en la noche Daniela y yo nos habíamos propuesto revisar un texto que necesitaba edición, entre los dos empezamos a leer solo para ser interrumpidos varias veces. Las primeras dos veces fue la empleada preguntándonos si teníamos copia de la llave de su cuarto y luego, después de buscar y darnos cuenta que no teníamos copia, nos interrumpió para pedirnos ayuda a meterse al cuarto por la ventana. Interesante.

Un vecino nos prestó la escalera y por suerte ni Daniela ni yo fuimos seleccionados para meterse por la ventana. Fue la hija de la empleada prácticamente empujada por su mamá, la que tuvo que meterse ahí con miedo de caer quien sabe donde. Al final todo salió bien y descubrieron que la llave perdida estaba ahí dentro.

La tercera interrupción fue de Daniel, que como seguía algo resfriado se levantó congestionado, llorando por atención. Hubo que atenderlo y dejar la edición del texto para el otro día. Frustrados y pendientes de Daniel, nos fuimos a dormir como a las 11.

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