viernes, 10 de abril de 2009

Volviendo a casa

Miércoles 1 de abril

Era el último día de vacaciones y el deseo de aprovecharlo todo apremiaba. Lo primero que hicimos fue abusar del desayuno buffet. Encontré mil maravillas y probé absolutamente todo. Mis desayunos se sienten más aburridos después de esta experiencia. Este era el día en que salíamos y aunque teníamos hasta la 1 pm para salir no queríamos llegar hasta ese momento para irnos. Fuimos a darnos un último baño en la piscina y tratamos de bajar a la playa pero la puerta estaba con candado. Tomamos unas últimas fotos y terminamos de empacar. Nos despedimos con pena del hotel que nos cobijó y nos llevó la comida al cuarto y salimos. El plan era ir a Montecristi y buscar algún museo o ir a ciudad Alfaro.

Salimos sin problemas de manta en ruta a Montecristi, no demoramos mucho en llegar, 20 minutos tal vez. Allí vimos un museo pero decidimos ir a ver ciudad Alfaro primero porque el camino estaba antes. Fue una subida empinada y al llegar unos 20 puestos de artesanías y muuuuucho espacio se presentaban ante nosotros. Preguntamos y nos indicaron para donde ir. Al llegar a la tumba de Alfaro, vimos que estábamos en toda la hora de almuerzo y estaba cerrado, aunque se podía entrar y ver todo desde arriba. Entramos por ahí y tomamos unas fotos.

Parece que va a llover

Luego compramos artesanías varias entre las que encontramos una flauta de madera que estoy tratando de dominar. Salimos a buscar el otro museo pero al llegar vimos que estaba cerrado. Seguimos nuestro viaje, siguiente parada era Jipijapa. Al llegar solo pasamos cerca pero logramos ver lo grande que es esta ciudad, casi saliendo aprovechamos para comprar sal prieta que tanto le gusta a Daniela. Seguimos y no recuerdo con exactitud en qué pueblo fue, pero paramos a poner gasolina y notamos que las tortillas de maíz y yuca eran muy populares en el área. Compramos varías de chicharrón, nueva experiencia para mi debo confesar, y otras de yuca con queso que me hicieron sentir como estar en yogurt persa en los 90.

En otro momento vimos como nos ofrecían algo completamente nuevo para nosotros. Lo que parecía un pescado quemado por un lado que nos ofrecían 3 puestitos en una loma abandonada en el camino resulto ser maíz tostado y carbonizado por fuera para que, asumimos, este tostadito por dentro. La idea nos sonó deliciosa pero no supimos descifrar lo que nos ofrecían hasta cuando ya fue muy tarde. Lo mismo sucedió con unos bollos que Daniela decía, no se con que bases, que eran hechos de cerdo. Los pasamos a ambos muy rápido como para reaccionar a tiempo.

En Pedro Carbo, ya por el Guayas, nos topamos con un mitin de sociedad patriótica. Nos molestó que cerraran la calle principal para este tipo de cosas. Que se tomen una calle secundaria, no una carretera transprovincial. Ya eran como las 6 cuando llegábamos a Guayaquil y fuimos directamente a ver a Daniel a donde sus abuelos. Al llegar, mi espalda manifestaba su descontento utilizando el dolor como herramienta de comunicación. No demoramos mucho ahí y salimos a casa. Al llegar era momento de dar a Daniel su regalo prometido, así que escondimos la gran caja en su cuarto y luego le sugerimos varios lugares para buscar el regalo mientras lo filmábamos. Fue divertido ver como crecía su interés y como explotó al encontrar la gran caja. Rompió el papel como que no hubiera mañana. Y cuando vio la baticueva literalmente dijo "¡Wow!". Estuvimos abriendo y sacando todo y luego, a petición de él, hubo que llevarle el resto de juguetes que completaba la colección. Estuve en casa aclimatándome y decidí jugar un poco de guitar hero. Daniela estaba cansada y yo tenía ganas de salir esa noche así que decidí ir a visitar a Azael y Wendy. Fui recién como a las 9 y al llegar, la calle estaba inundada de policías y militares, en plena redada. Tuve que parquear bien lejos y caminar hasta allá con el xbox y las guitarras en un gran bolso. Tenía miedo de que trataran de revisarlo y haya problemas pero por suerte Azael salió justo cuando yo llegué y entre con velocidad a su casa.

Le conté las incidencias del viaje y él me contó como pasaron el día en la playa aquel día que nos fuimos. Luego pasamos la noche jugando con las guitarras y conversando tonterías. Para cuando volví a casa todos dormían y yo, cansado, decidí hacer lo mismo.

1 comentario:

Daniela dijo...

Una sola vez en mi vida he probado bollos de ese tamaño y eran de cerdo y coincidencialmente fue en Jipijapa, era lógico asumir que serían similares... debimos haber regresado en la carretera por ellos...