miércoles, 8 de abril de 2009

La gran pelea

Martes 31 de marzo

A las 7 de la mañana el baño y yo tuvimos un encuentro cercano, un pleito se podría decir, todo por ellas, las galletas, si, las de chocolate. Por suerte me recuperé rápido y para cuando Daniela se levantó yo ya estaba bien, aunque de mal humor y esto propició una pelea pequeña pero importante entre nosotros, que se resolvió parcialmente mientras nos preparábamos para disfrutar de otros de los beneficios de estar en un hotel, el desayuno Buffet.

Escogí de todo un poco, desde pancakes hasta estofado de carne, desde salchichas hasta diferentes tipos de croissants. Café negro, jugos varios y otras salsas le dieron sabor extra al desayuno. Quedamos empachados y contentos y con un plan para el resto de nuestra mañana. Nuestro primer destino era el museo del banco central.

En este lugar se encontraban 3 pisos para explorar. En uno de ellos se encontraba una exposición de arte, muy interesante pero criptica como solo un artista la puede hacer. En mi vida yo he querido ser muchas cosas y en mi búsqueda por la verdad me confundí en algún momento y pensé que para ser artista debía juntarme con artistas. Terminé conociendo a gente muy snob, elitista, inteligentísima pero estúpida a la vez. Guayaquil y también Quito son ciudades llenas de jóvenes y no tan jóvenes con esa mentalidad, donde su "arte" es lo mejor, sus conocimientos los definen, los alejan y los diferencian de la plebe. Son incomprendidos al punto de portarse idiota, pero lo peor de todo es que no se dan cuenta que luchan inconscientemente por mantener una imagen que el mundo mismo alimenta, una imagen de intelectualoide barato, de bohemio de puerto que recita poemas y chupa pilsener y por eso es un bacán. No sé si me explico bien porque cuando algo no me gusta mis palabras se cruzan y puedo no expresarme correctamente. El punto es que estas personas les gusta escribir complicado y leer grandes autores para decir que los leyeron, no que no los disfruten, pero se ve el patrón. A mí por ejemplo me gusta la fantasía como género y eso regula lo que yo leo, pero "grandes autores famosos" no es un género y eso es un pista para saber quien leer por el gusto y quien por la reputación. Estas personas escriben complicado, tal como en el museo y me fastidiaba ese mal habito que tienen de alejarse del hombre común con su diccionario, que aunque tenga mucho sentido, debería invitarnos a todos y no solo hablarle a otros "artistas". En mi opinión ni siquiera se esfuerzan, pero algunos ya ni se dan cuenta. Aquellos textos del museo me llevaron más lejos de lo que pensaba.

¿Es lo que yo interpreto o lo que ellos quieren decir?

En ese piso también vimos unos cortos, de algunos estudiantes guayaquileños, algunos muy interesantes pero todos con el claro tinte de deber obligado y hasta tal vez hecho a última hora en la casa de alguien que maneja flash. Supongo que los cortos o el arte visual solo sorprende a los que no dominan las herramientas, en mi caso y de Daniela, si vemos algo que sabemos se pudo hacer en media hora en la compu de la casa, no nos impresiona mucho.

En el otro piso, una exposición acerca de la historia de la pesca en Manta nos sorprendió con sus equipos antiguos e implementos de pesca. Aquel traje metálico y pesado que usaban para bucear me hizo sentir el pánico que sería hundirte lentamente en el mar y que tu vida dependa completamente de un grupo de gente arriba que puede o no dejar de enviarte aire o fallar al subirte o tal vez sea tu traje al que se le meta agua. Dato curioso: este traje fue hecho en Italia allá por los años 20 o 30 y en cierta parte se veía la marca de las llantas de las que sacaron el caucho para hacer el traje, Pirelli.

El último piso fue el mejor, hablaba de los hitos de las antiguas culturas americanas, donde las vegas, la más antigua de América, reinaba en lo que ahora es Ecuador. ¿Debería estar orgulloso? no lo sé, con tanta mezcla genética esto ya es merito de todos los seres humanos y yo solo soy un suertudo que nació cerca de donde todo empezó. En fin, los hitos, las piezas arqueológicas, los huesos, todo impresionante. La información fue muy clara y concisa aunque el entrenamiento de redactores que ambos tenemos no pudo fallar y notamos errores ortográficos en algunos letreros. Como el museo nos cayó también, no las diremos a ver si nadie más se da cuenta. Hice un video con el fin de recordarlo todo pero creo que puedo compartirlo con ustedes para que disfruten de la historia de sus antepasados que inventaron entre otras cosas, las galletas oreo.


Este de pronto fue tu antepasado


Un paseo por el museo en 2:34 minutos que más quieres

Al salir del museo, la desagradable sorpresa de una llanta baja nos esperaba. Me molesté porque estaba con la idea de que se me baje una llanta desde que salí de viaje y no quería echarle la culpa a mi pensamiento positivo, negativo en este caso, pero las coincidencias suceden constantemente y yo, crea o no en ellas, les sacaré ventaja. Rápidamente cambié la llanta, no es la primera ni será la última vez que cambie una así que en menos de 5 minutos y unas gotas de sudor ya estábamos en camino al hotel y más específico a la piscina.

¿Seré el único que se baña con lentes?

Ahí en la quietud y frescura del agua, no quería afrontar el hecho de que este sería el día de volver a Guayaquil. Al trabajo. A la rutina. No. Daniela no estaba segura pero yo, empecé a utilizar la persuasión nivel 10 para lograr quedarnos un día, solo un día más en este paraíso de muchas almohadas y azules paisajes. Y no olviden el servicio al cuarto.

Unas cuantas llamadas después estaba decidido, una noche más Manta nos cobijaría, a ver en que líos nos metíamos en el camino. Felices por eso, salimos de la piscina a empezar uno de los momentos más extraños de nuestro matrimonio. Nos cambiamos y luego en el cuarto del hotel, tuvimos una de las peores peleas que hemos tenido en los 7 años que llevamos juntos. Más allá del porqué, lo interesante de relatar es el cómo. Mi posición al discutir que luego descubriría es un asunto de género, es la de exponer los problemas con calma y tranquilidad buscando una solución (o tal vez no) tratando de hacer entender lo que sucede y como me afecta todo, como me hace sentir y en este caso las repercusiones posibles. Daniela siempre ha odiado mi tranquilidad, llamándome "cubo de hielo" en esta y otras ocasiones. Resulta que su femineidad la lleva a utilizar el lenguaje para expresar sus frustraciones así que como mis palabras la alteraron, sus palabras se alteraron también y todo lo que tenía que decir estaba lleno de sentimientos que chocaban en la pared que era yo. El asunto escaló a mayores cuando una toalla voló alrededor del cuarto e hizo contacto con mi cara, momento en que hice una nota mental en mi lista de cosas que mujeres han hecho al estar molestas conmigo anotando "lanzarme cosas" justo debajo de "tratar de manera estúpida de sabotear mi matrimonio". Decidí irme para que las cosas se calmen un poco, sabiendo que tenía tareas pendientes.

Primero fui al banco, pero me di cuenta que había dejado el cheque que quería depositar en el hotel. Era importante porque con parte de ese dinero pagaríamos el resto del viaje. Luego fui a una gasolinera a preguntar donde habría una vulcanizadora. Las indicaciones del guardia fueron perfectas, fui largo por el malecón de Manta y crucé un gran puente hasta la zona de Tarqui donde encontré la vulcanizadora. Me atendieron con velocidad y como el calor era apremiante me compré una limonada en botella. Al verme ahí apoyado en el carro bebiendo limonada mientras un tipo mayor que yo se sacaba la madre tratando de sacar una llanta de su aro, me sentí mal, con la obligación de ayudarlo. Joven y con energía, era mi deber natural ayudar a esta persona, mayor que yo, pero supe que no solo se vería mal y el tipo no entendería mi impulso, sino que además estorbaría. Le quise dar la limonada, pero no la aceptó.

Tenía hambre y ya había pasado bastante tiempo así que volví al hotel. Me abrió Daniela con cara de dormida. Mientras cogía el menú del servicio a cuarto le pregunté que le apetecía. Yo pedí un club sándwich y ella un sanduche de pavo. Hasta que llegó la comida tuvimos tiempo de hablar y como ambos estábamos más calmados, y ambos cuando estamos calmados somos 20 veces más compresivos, casi que nos peleamos por el puesto de quien se disculpa más. La comida también ayudó.

Salimos juntos al banco, esta vez con el cheque. Ahí esperamos poco considerando que era fin de mes. Hubo un problema con la firma que casi nos arruina el viaje pero use todo el poder de mi carisma con la supervisora para salir airoso. Luego fuimos a visitar otro pequeño centro comercial que vimos, donde encontramos un supermaxi. Ahí encontramos entre las revistas, un libro que nos salvó la vida. Ni de Marte ni de Venus de Ellen Willer trata todas las diferencias de comportamiento entre hombre y mujer y las razones por esto. Fue muy interesante descubrir que mi dureza al discutir es porque yo uso el lenguaje como herramienta de comunicación y Daniela en cambio la usa como herramienta de expresión emocional. Leímos ahí mismo párrafo tras párrafo que no solo explicaba nuestro comportamiento en la pelea previa, sino hasta en la razón de la pelea. Decidimos llevarlo entre otras revistas para leer luego.

Paramos por ahí mismo en una tienda donde vimos unas camisetas en descuento porque estaban de liquidación. Como no contábamos con el día extra ya no tenía camisetas limpias. Íbamos a usar la lavandería del hotel pero ya no fue necesario por la compra de las camisetas. Finalmente dimos una vuelta a la juguetería donde encontramos un boggle en descuento. Como amantes de los juegos de palabras, lo llevamos dispuestos a probarlo más tarde. De ahí de vuelta al hotel.

Allá nos preparamos para una noche de relax. Daniela estaba tentada por las cosas del minibar, pero yo la persuadí de comprar lo mismo pero en el minimarket de abajo. Fuimos y cogimos varios snacks y luego volvimos a la habitación a leer el libro en voz alta y reírnos de los descubrimientos que tanto se aplicaban a nuestra relación. Era agradable poder echarle la culpa al género masculino el hecho de que a veces no veo lo que tengo al frente. Leímos y vimos tele hasta que nos dio hambre de verdad así que por última vez, llamamos al servicio de habitación.

Sushi y fajitas fueron la elección de esa noche. Luego de comer fajitas con wasabi y llamarlo comida fusión, jugamos boggle y luego vimos tele hasta quedarnos dormidos. Un buen día.

PD: Daniela ha publicado una bonita reseña del día de nuestra boda, leanlo aquí si les interesa saber el punto de vista de la novia.

1 comentario:

Conciencia dijo...

"luchan inconscientemente por mantener una imagen que el mundo mismo alimenta"
Pucha y pensar que yo lucho a diario con gente asi.
Me he dado un gusto en ejecutar mi plan de eliminación de la verguenza, esto me ha ayudado a aceptarme como soy, demostrar, vestir, leer, comer, pensar, entre otras, como me de la gana.

Y por otro lado, el tema del buffet y de lo lindo que comieron me ha levantado el apetito... este feriado no perdono ni el sushi ni la fanesca.