domingo, 15 de marzo de 2009

Sana envidia

viernes 13 de marzo

Recuerdo haber notado, recién en el periódico, que era viernes 13. Pero ojo, eso no afecta en lo más mínimo mi vida, no soy mucho de supersticiones, soy más bien de burlarme de los supersticiosos. Además estaba perdido en el tiempo porque mi reloj que incluye la fecha se quedó sin batería y no me podía decir el número mágico del día. Sé que Daniela volvió a salir temprano para recoger al pequeño monstruo que llamamos hijo. Yo tampoco tarde mucho porque tenía que continuar con mi plan maestro en el trabajo.

Cuando llegué allá había nerviosismo por que como el sistema aún tenía fallas, algunos cheques de la quincena, o tal vez todos, no podrían estar listos a tiempo. Me despreocupé teniendo fe en el administrador y me dediqué a lo mío, grabar locuciones y editar comerciales mientras daba órdenes a diestra y siniestra. Revisé el trabajo de los otros y organice la revisión de los comerciales por los clientes. Me aseguré que todo estuviera perfecto y así fue, las cosas mejoraban en el trabajo.

Al final del día laborable me fueron entregados los cheques de la quincena para llevarlos a firmar por uno de los accionistas de la empresa. Partí con ellos mientras los empleados me despedían como si fuera su hijo querido, pidiéndome que vuelva pronto. Al llegar cerca de casa descubrí después de una llamada telefónica que la persona que buscaba estaba de coincidencia en mi barrio, en un cumpleaños a pocas casas de la mía. Antes de salir de casa revisé y firmé los cheques para ahorrar tiempo y recluté a mi familia para este viaje. Aproveché la pequeña caminata para jugar con Daniel, haciendo carreras y levantándolo del piso con facilidad. Cuando volvimos jugamos de la misma manera, quedé todo sudado pero por supuesto valió la pena.

Esa noche vimos un programa súper raro llamado Yo gabba gabba que, debo confesar, me gustó mucho. Tal vez sea el estilo retro, el tipo de letra pixeleado, la música tipo nintendo o simplemente la irreverencia total. Muy educativo por cierto. Daniel lo disfrutó el doble que yo y aunque mi esposa quería que el niño ya se duerma, yo que lo había visto poco disfruté mucho de su ataque de energía. Al poco rato se durmió después de un gran día lleno de actividad. A veces lo envidio tanto.

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