domingo, 15 de marzo de 2009

7 aburridos minutos

Miércoles 11 de marzo

Me desperté medio temprano porque la prima de Daniela llegó ese día en la mañana. La recibí en pijama pero solo a ella y no a su mamá. En realidad ella subió al cuarto y no pude hacer mucho más que ponerme una almohada sobre el boxer. Cualquier hombre que haya usado boxer sabe lo traicionera que la abertura para orinar puede ser en las mañanas, con respecto a exposiciones indecorosas al menos.

Conversamos un rato y luego Daniela se fue con su prima, su tía y el niño a hacer algo que no recuerdo. Me quedé en casa arreglándome para salir, sabía que tenía mucho que hacer esa mañana. Me llamaron del trabajo pidiéndome el favor de que pase por transportes Imbabura recogiendo un paquetito. No tuve problema en aceptar aunque había olvidado que ese día Daniela se llevó mi carro y yo me quedaba con el de ella porque ella debía traer algo pesado a la casa. El Orbitrek.

Estoy desde hace semanas pensando en como retomar mi rutina de ejercicios. Antes me levantaba 6 am a trotar, pero ahora que me acuesto tarde y por ende duermo más, se me hace imposible ese curso de acción, por lo que decidí volver a mi raíces, cuando no tenía ni la voluntad de salir de casa. Esas raíces son el orbitrek, un aparato que pertenece a mis suegros pero que muy amablemente nos han prestado, una vez más. Planeaba usarlo desde el día siguiente pero yo planifico muchas cosas.

En fin, debía pasar por una empresa entregando una retención y por otra retirando unos equipos y dejando un cheque, además del paquete de la flota Imbabura. Hice un mapa mental y partí, primero hacia la gasolinera donde compre una golosinas para el camino. Después de recorrer la ciudad llegué primero a retirar los equipos, este lugar es en el edificio Porta. En este lugar estúpidamente decidí meter el carro en un parqueo privado, notando cuando ya estaba con medio carro adentro, que había suficientes puestos libres en varias veredas a mi alrededor. Fueron 50 ctvs desperdiciados para el corto tiempo que estaría ahí.

Subí, me atendieron rápidamente, salí con un poco de papeles firmados y unas baterías para las cámaras. Bajé y partí hacia el 2do lugar más cercano, el de la retención. Aquí también me atendieron súper rápido, entre y salí en el mismo minuto. De ahí a flota Imbabura, donde había que llegar, si quería tener el carro cerca, por la parte de atrás. El problema es que no veía si me parqueaba en la cuadra correcta por lo que 2 veces me equivoqué. Me bajé dejando el carro en la esquina porque estaban "regenerando" las veredas y no podía acercarme mucho más. Al llegar di el número de guía y rápidamente me hicieron firmar el recibido y me mandaron a sacar los paquetes. Al parecer eran 11 grandes y pesadas cajas y yo en un auto pequeño. Cuando me iban a pasar la primera caja, salió otra persona, el aparente jefe, a preguntar quien era yo y si tenía la carta de mi empresa, que era necesaria para este tipo de retiros. No tenía nada pero en la oficina me aseguraron que ya estaba a mi nombre el paquete. Hizo un escandalo, gritando a sus empleados por darle los paquetes a cualquiera. Llamé a quejarme a la oficina donde me repitieron que ellos ya habían llamado previamente y arreglado todo. El tipo me dio su número de fax y me dijo que manden ahí la carta. Les dije lo mismo y esperé.

En 7 minutos 36 segundos llegó el fax. Venían dos en las manos del jefe . Me fijé discretamente en la hora de ambas cartas y una era de 40 minutos atrás, al parecer quien recibió el primer fax no hizo nada para comunicarlo a la bodega. Me dieron los paquetes, pero suponiendo que por los problemas causados, nadie me ayudó a cargarlos. No tuve problema, llevé de dos en dos y por suerte logré meter 6 en la cajuela y 5 en el asiento de atrás.

Partí para el trabajo, llegué bien tarde y no pude avanzar mucho con el trabajo que me corresponde, todo por estar haciendo favores. Cuando volví a casa continuamos con la rutina habitual, hasta el momento de acostarse a dormir, Daniela se quedó dormida temprano, al mismo tiempo que el niño y justo mientras lo ayudaba a dormir a él. Cuando lo noté me di cuenta que era mi oportunidad de avanzar con mi lectura nocturna, y me dispuse terminar Watchmen esa noche, pero me dio sueño antes de las 3 últimas ediciones.

Me fui medio tambaleante a dormir, con rorschach en la cabeza inspirándome a pensar y llevándome a esa parte oscura donde la violencia es una opción.

Pero eran solo desvaríos de alguien a punto de quedarse dormido.

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