sábado, 21 de febrero de 2009

El menos capacitado

El viernes debía de ser un día diferente. Se supone que me levantaría temprano y estaría listo en pocos minutos dispuesto a llegar al trabajo con muchas ganas y avanzar todo el trabajo que tengo pendiente. Lo que en realidad pasó solo se puede describir como la perfecta manera de procrastinar y engañarse a si mismo desde que Correa dijo que la crisis no se aplicaría a Ecuador. Al final se fue el agua y la imposibilidad de bañarse estimuló mis nervios obsesivos, los que me llevaron a ir a casa de mis padres con toda mi tropa a bañarnos allá. Después de armar una maleta con todo lo necesario, salimos apurados solo para descubrir a mitad de camino que había olvidado mi maletín, dimos un vueltón y cuando llegamos el agua ya había vuelto.

Maravilloso.

Daniela tomó sin permiso mi última afeitadora y luego de ser pasivo-agresivo con ella busqué alguna que pudiera usar, encontré una vieja y oxidada. Estoy tocando mis cortadas mientras la recuerdo con odio, pero era imperativo una afeitada, ya era el tercer día y ese es mi límite. Salimos todos hacia el centro porque debía retirar unos suministros de oficina, entre los que se encontraba mi nuevo teclado que debía reemplazar a uno cuya tecla de backspace se trababa borrando una línea entera antes de que te dieras cuenta, que bueno que blogger acepta control+z. Daniela se quedó en la oficina de su padre y yo partí con algo de miedo hacía mi especial trabajo.

Resulta que siempre tengo muchas cosas que hacer simplemente porque soy el único capacitado para hacerlas. Son obligaciones que mi gran bocota y mi constante deseo de perfección absoluta me han conseguido. Pero más allá de eso se supone que soy el jefe de mi departamento por lo que tengo otras obligaciones administrativas que también debo cumplir. Una de las más sencillas, pero para la que estoy menos capacitado es para celebrar los cumpleaños de los empleados. Recientemente tuvimos una junta y decidimos que las celebraciones serían departamentales y no con todos los empleados como solía ser, y que cada jefe se encargaría de su departamento, la idea inclusive fue mía para abaratar costos y evitar el caos que es reunir a todos los empleados en un solo cuarto. Excepto que febrero es el mes en que mucha gente de la empresa cumple años, la mayoría de mi departamento. El mes no termina y ya olvide dos cumpleaños, uno de un chico nuevo que no conocía la costumbre por lo que no se dio cuenta y el otro de una compañera a la que tuve que explicarle como había preparado una gran sorpresa para el día siguiente justamente porque sería una sorpresa porque nadie esperaría que le celebren el cumpleaños al día siguiente, y me creyó. Pues el cumpleañero del viernes me mandó un mensaje recordándome el tipo de torta que esperaba, salvando así su propio cumpleaños de no ser celebrado. Al llegar pedí presupuesto en administración y gracias al cielo llegó Stefanía, compañera que más de una vez me ha salvado encargándose de todo. Creo que es ese impulso extraño que lleva a las mujeres a comprar lo que la motiva a organizar todo, después de todo le estoy dando dinero y le digo "has lo que quieras" la naturaleza femenina se encarga del resto. El homenajeado se dedicó a celebrar su cumpleaños por toda la ciudad tomando ventaja de que su trabajo requiere salir de la oficina y cuando era momento del homenaje en la oficina me confesó por teléfono que se había tomado un par de cervezas y que tal vez no era bueno volver a la ofi.

Fantástico.

Le insistí y por suerte cuando llegó no parecía para nada haber bebido por lo que olvidé el asunto. Lo único incómodo es que apareció con ciertas autoridades de la ciudad que aunque importantes, estaban fuera de lugar en una celebración interna en la que se requiere que yo diga unas palabras y ya de por si tengo problemas para hablar públicamente. Como era el viernes antes del feriado el ambiente inquietaba y la gente se volvía irresponsable con cada minuto que pasaba. Yo debía cumplir la función de guardián y autoridad, otra para la que no soy muy bueno. En pocos minutos reinó el caos y alguien sacó una lata de espuma de carnaval, no recuerdo mucho más después de eso, tengo flashes de mi mismo gritando obscenidades y dando ordenes de limpieza pero parece un sueño. Al final no pude avanzar nada de mi trabajo y ahora tengo mucho que hacer este feriado y sospecho que no lo haré, espero sorprenderme a mi mismo.

Ya al llegar a casa me puse a escribir un rato y luego de eso me dediqué a reparar el caballero del zodiaco. Un muñeco y su cabeza están juntos otra vez, todo gracias a mi destornillador azul. Luego Daniela me insistió para ver uno de los Dvd's alquilados, específicamente La isla de Nim. Realmente no se si es buena o mala, pero es original al menos. Seguro que como muchas otras películas que salen de un libro, el gusto de la historia solo lo puedes sacar si lees el libro. Eso si, me ayudó a dormir placidamente.




Bonus track: Antes de dormir me asomé a la ventana y vi un gato blanco, ahí parado como quien espera algo, en medio de la calle a la media noche. Y por aquí no pasan taxis.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Viva la pachanga carnavalera!, que dia que has tenido hermano, y con esos ajetreos maximus, que poca envidia te tengo jojo.
Oye, y al final, el gato se fue espantado, sera que estaba esperando un contacto y como te vio sapeando se fue?

Azael

Daniela dijo...

¡No sabía que era la última afeitadora! ¡Obsesivo!

Andrés dijo...

Se fue cuando nos vio, por un momento pensé que era McGonagall que me venía a decir que soy mago y que mis papas de verdad me dejaron una fortuna en el banco de los magos. Imagina lo que haría con todo ese dinero mágico.

Espero que el gato vuelva.