jueves, 26 de febrero de 2009

Personajes antes que personas

Me desperté temprano, a las 7:00 am. Con el mp3 player en el bolsillo salí a una caminata mañanera a la que no he salido en mucho tiempo. Fue revitalizante, es maravilloso caminar y no ver gente, creo que fácilmente me hago ermitaño, es en el fondo la única razón por la que salgo a caminar en las mañanas, no por salud sino por la fantasía de vivir en un mundo sin tanta gente.

Que maravilla.

Y esta vez no soy sarcástico, aunque es difícil serlo por escrito, pero lo intento. Salí temprano hacia el trabajo, pero sin desayunar y sin llevar almuerzo, falló la logística del equipo encargado de la comida y yo pagué las consecuencias, aunque el equipo de respuesta inmediata preparó un sanduche triple que me mantuvo vivo el resto del día. Es un fastidio cuando no llevo lunch porque me digo a mi mismo que comeré en algún restaurante pero no lo hago. En lugar de eso y en parte por vagancia/desagrado de los restaurantes llenos, termino en el Almacén Tía más cercano, comprando una sprite y un paquete de galletas club social de queso, de los grandes, los que traen como 9 de los pequeños. Me como 4 paquetes a lo largo de la tarde hasta llegar a casa, la sprite se acaba en la primera hora.

Llega el backlash laboral, tengo que ponerme a trabajar en comerciales atrasados que nunca hice y me propuse hacer durante el feriado, a mi defensa, el día que planeaba sentarme a trabajar, Daniel estuvo enfermo y requería de mi atención. Pasé toda la mañana y gran parte de la tarde concentrado en la computadora, entre trabajar y navegar me gasté el día y avancé considerablemente aunque aún faltaba lo más difícil. Dejando lo demás para el día siguiente me concentré en mi próximo compromiso, la sesión de Dungeons & Dragons.

Verán, tengo historia con los juegos de rol, pero aunque parezca ser súper geek, realmente es la primera vez que juego dungeons. Siempre he escuchado del mítico juego que empezó todo pero nunca lo pude jugar, yo me inicié en los juegos de vampiros, magos y hombres lobo de la empresa White-Wolf. Se que puede sonar ridículo, sobre todo al decir la palabra juego, pero por una vez deja tus prejuicios a un lado y pon una página en blanco a ver si logras entenderme, abre tu mente.

Vamos has un esfuerzo.

Imagina a 5 personas colaborando para crear una historia, pero una historia realmente buena e inteligente, como una película, algo con principio y fin y momentos de revelación y sorpresas. Ahora imagina que una de estas personas crea y maneja este universo de ficción y usa su lógica para relatar los eventos tal y como se desenvolverían en el mundo real, manejando reacciones y toda clase de información. Ahora, los otros 4 inventan personajes para este universo, personajes con historia personal y un pasado, una forma de ser y una imagen, los describen con toda clase de adjetivos e inventan a su círculo inmediato de personas importantes. Cada persona maneja un personaje y toma decisiones como lo haría este personaje e interactúa con el mundo y con los otros personajes, envolviéndose en la trama y usando las habilidades del personaje para resolver los problemas que la primera persona, la que cuenta la historia, les pone al frente. Esta persona es el gamemaster o storyteller.

Claro, para que sea justo lo que un personaje puede lograr o no, se inventaron reglas. Reglas que incluyen dados y números y hojas para llevar los niveles de conocimiento de los personajes en cada área posible. Es increíble pero es posible traducir a una persona a un papel, es un ejercicio muy común entre los jugadores de rol el crear su propia hoja de personaje y es común también burlarse y corregir la hoja de los demás, bajándole la fuerza o la inteligencia o añadiéndole conocimientos de corte y confección. A veces estas historias no son tan inteligentes y se enfocan puramente en batallas y los jugadores crean personajes no tan profundos sino basicamente numéricos y diseñados para ser los más fuertes. A veces se critican a esos ex-agentes del FBI entrenados en explosivos, metralletas y artes marciales, campeones de ajedrez, médicos, abogados y hackers, por irreales e injustificables por supuesto.

Realmente depende de la gente como sea el juego, los hay que solo se concentran en la historia y otros que no crean historia alguna y explotan las reglas para hacer batallas y usar los poderes. Y claro hay poderes porque que te detiene de hacer un mago o un elfo con arco y flecha y cosas así. Dungeons es así, tiene diferentes razas y clases y reglas muy completas respecto a batallas, al punto que usamos miniaturas y mapas donde podemos medir los movimientos con exactitud y detalles como el rango de ataque o el rango de vista a los enemigos.

El trabajo de ser el Game Master lo hemos hecho todos, pero este arco de 10 o 15 sesiones me toca a mí y tenía que preparar la historia para esa noche. Los jugadores aparecieron en mitad de una gran batalla y deben decidir que harán y yo debo estar listo con todos los datos de los enemigos y sus poderes si ellos deciden pelear, lo que es realmente lo más probable, conociéndolos.

Al final uno del grupo no puede jugar y los demás, como no podemos avanzar la historia sin él, decidimos jugar una batalla sencilla no relacionada con la historia, en este caso yo jugué un personaje más. Estas batallas no están autorizadas para gente que no sabe sumar por lo menos, pueden durar horas y están llenas de números para atacar, marcar el daño y llevar los turnos. Claro si una persona sin experiencia decidiera jugar se lo ayudaría con todo eso, dejándole la parte de la toma de decisiones únicamente.

Jugamos hasta la media noche, terminamos amarrando al geek interior para sobrevivir al día siguiente en Guayaquil, Ecuador, un lugar no muy cálido con gente como yo, con hobbies raros y diabólicos.

En serio, me lo han dicho.

Esa noche, recuerdo haber tenido está idea de escribir que todos son idiotas o algo así y luego explicarme con una idea muy inteligente, pero ya lo olvide y no quería arriesgarme a llamar a todos idiotas y no poder salir de ese lío. Hay que estar atentos, si alguna vez les digo idiotas, ya saben porque.

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