lunes, 23 de febrero de 2009

El paciente más importante

El día domingo estábamos emocionados porque iríamos a una reunión en casa de Azael y Wendy. Aunque nos invitaron a comer cangrejos y Dani y yo no somos muy cangrejeros de todas formas disfrutamos de la compañía y la oportunidad de relax así que ya teníamos todo preparado en nuestras mentes, hasta el almuerzo de repuesto para reemplazar a los cangrejos.

Breve interrupción, no es que no me gusten los cangrejos, es que es demasiado poco para tanto trabajo. Nunca me lleno y termino agotado mentalmente, es como morirse de sed y beber de la botella del hamster.

Daniel, nuestro hijo, se había pasado la mañana quejándose de un dolor que nosotros no lográbamos identificar. Él ya es muy capaz de decirnos lo que quiere y lo que no, tiene un gran vocabulario y aprende palabras con facilidad y ganas, justamente para poder decirnos lo que quiere, odia sentirse frustrado. Esta vez él no sabía la palabra, la cual era nausea.

Vomitó a mi pies y eso nos llevó a una montaña rusa emocional de preocupación y estrés de la cual no pudimos salir en un buen tiempo. Aquellos que son padres saben lo que esto significa a los que no, otra breve interrupción para explicar.

Cuando te vuelves padre, no importa quien hayas sido y si eras un descuidado con todo lo que has tenido, algo se te activa que te impulsa a cuidar a tu hijo y para ser más exactos, no te permite ver llorar o quejarse a tu hijo, es insoportable, como un perro con esos silbatos especiales, te pones como loco.

Al principio pensamos que sería cosa de una vez, igual le dimos gatorade, que era lo mas parecido al suero oral a nuestra disposición en el momento. Lo vomitó también. Tuvimos que cancelar la comida y quedarnos con él, en la peor tortura que podemos tener. Él se quejaba y se quejaba y nosotros no podíamos hacer nada, NADA para quitarle el dolor y es una sensación irracional que te hace dar ganas de enrolarte en la facultad de medicina en ese momento o pagar lo que sea a un doctor para que sane a tu hijo y haga lo que tú no puedes hacer. Es frustrante porque siempre puedes hacer algo, siempre, pero esta vez no, solo lo escuchas mientras te llama llorando, como pidiéndote que, como tantas otras veces, soluciones este problema por él. Y tú no puedes.

Al final lo llevamos a los doctores del seguro que tenemos, ese que me saca mucho dinero mensualmente. Ahí nos calmaron un poco comentándonos que al no haber fiebre ni otros síntomas, podría ser una simple irritación estomacal. Unos cuantos remedios y a la casa.

Tal vez sea porque somos padres nuevos, o porque sobre protegemos a nuestro hijo, pero cada vez que se enferma es como que nos enfermáramos con él, nos destruye emocionalmente la preocupación y la frustración. Yo siempre termino llorando después y no me da vergüenza decirlo porque es algo difícil de entender para otros pero muy comprensible para los que han tenido un niño a su cargo. Y para colmo a mi el estrés siempre me descompone y termino con el estomago revuelto o vomitando de los nervios también, sí, soy de esos.

Pasamos el resto de la tarde y noche con él, dándole el suero y jugando, porque ya estaba de mejor humor. Nos fuimos a dormir preocupados, pero no pasó nada y él durmió muy bien. Nosotros no tanto.

2 comentarios:

Daniela dijo...

Te amo.

Conciencia dijo...

Todos los padres del mundo deberían hacer un diario de los gajes del oficio de los primeros años, así en vez de lanzar el correazo o el zapatillazo, mejor LEE!